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OTRA MIRADA A LA DEMENCIA

Y A LA PRESERVACIÓN DE LA JUVENTUD

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Observación preliminar

El presente artículo se basa en hipótesis, deducciones de observaciones, que tienen sentido y no se han sido escritas con referencia a otros documentos, excepto en los primeros párrafos. Aunque no expreso mis dudas en cada frase, sin embargo, son reales. No puedo realmente probar todo lo que escribo aquí. Sin embargo, todo esto se basa en observaciones concretas sobre mí mismo y sobre las personas que conozco o conocí. Y eso me ayuda, por un lado, a comprenderme mejor a mí mismo, a buscar más coherencia y pertinencia en mis elecciones, mis acciones y comportamientos, y por otro lado, a aumentar mis capacidades de empatía para tener comportamientos mejor adaptados con las personas de mi entorno, ayudándolas a sentirse mejor entendidas. Además, hasta ahora, estas explicaciones han tenido eco en las personas que las leyeron o las escucharon; lo que me hace esperar ceñirme lo mas cerca posible a la realidad.

Sin embargo, les pido a todos los que leen, que confíen en lo que despertará o no en ellos. Es probable que algunos de ellos entiendan estos puntos de vista como obvios, porque ya los conocen implícitamente y esto les permitirá acceder a una grilla de comprensión más amplia o más precisa.

A) Nuestro cerebro autómata

En su libro "You are the placebo" (ediciones HayHouse UK página 71), el Dr. Joe Dispenza afirma que a partir de los treinta y cinco años de edad, uno puede considerar que el 95% de nuestros pensamientos se han vuelto inconscientes y / o automáticos. Esto no deja mucha latitud a nuestra voluntad.

"El 95% de lo que eres a los 35 años es un conjunto de conductas, habilidades, reacciones emocionales, creencias, percepciones y actitudes memorizadas que funcionan como un programa informático inconsciente".

"Así que el 95% de lo que eres es un estado del ser (state of being) subconsciente o incluso inconsciente. Y eso significa que tu mente consciente está trabajando al 5% contra el 95% de lo que has memorizado inconscientemente. Puedes pensar positivamente todo lo que quieras, pero el 5% de tu mente consciente se sentirá como si nadara río arriba contra la corriente contra el otro 95% de tu mente: la química corporal inconsciente que has recordado y memorizado toda la negatividad que has mantenido durante los últimos 35 años; hace que el cuerpo y la mente trabajan en oposición. Así que no es sorprendente que no llegues muy lejos cuando tratas de luchar contra esta corriente!"

Cada persona que realiza un trabajo de desarrollo personal en consciencia puede observar este proceso por sí misma, independientemente de cuán válido sea el tamaño porcentual; es la desproporción y la dirección del aumento de esta desproporción a lo largo del tiempo lo que importa para la comprensión de lo que sigue.

Si el 95% de nuestros pensamientos se han vuelto automáticos, es al principio, con el acuerdo tácito, de alguna manera, de nuestros pensamientos conscientes. Mientras ignoremos la existencia de este proceso, no podemos controlarlo y no vemos la necesidad de tratar de estar en el momento presente. Podemos, hasta cierto punto, elegir cambiar la orientación de estos pensamientos cambiando la actividad, distrayéndonos, trabajando en nosotros mismos, y así sucesivamente.

B) El Envejecimiento

Sin embargo, a la larga, esta libertad para recuperar una parte de nuestro pensamiento de acuerdo con nuestras intenciones, resulta ser una tarea cada vez más difícil.

Porque con el tiempo, no cabe duda de que el porcentaje de pensamientos inconscientes seguirá aumentando. Y, naturalmente, al avanzar en edad, puede pasar un momento en el que casi no tenemos mas control sobre nuestros pensamientos. En este caso, la gran mayoría de nuestras acciones, de nuestras palabras y de nuestras elecciones solo son el resultado de la combinación de nuestros automatismos de pensamiento. Algunas formas de demencia no serían más que el resultado de este proceso, cuando llegó tan lejos, que terminamos perdiendo el control sobre nuestra voluntad, nuestra presencia, nuestras intenciones, excepto por algunos momentos de excepción. Luego se vuelve imposible continuar creando nuevas conexiones neuronales, y el deterioro de las que ya existen se acelerará con el tiempo; y esto finalmente se volverá visible a nivel médico por atrofia de los hemisferios cerebrales.

Por lo tanto, la atrofia del cerebro no se debería a una enfermedad de origen biológico, sino que sería la consecuencia de un proceso natural que apareció desde la infancia, que las circunstancias de la vida habrían reforzado y acelerado. Una vez que se alcanza el punto de quiebre, donde la voluntad no es mas suficiente para cambiar las conexiones neuronales y crear nuevas; éstas se esclerosan. Y cuanto menos se use el cerebro, más se atrofiará. La atrofia, si existe mucho antes del inicio de los síntomas, confirmaría que el punto de quiebre aparece mucho antes de que se vuelva visible.

La degeneración mental se establecería cuando nuestra mente adopte el hábito de funcionar sin control. Porque, como un automóvil en una pendiente cuando el conductor no tiene el control, y no hay freno, funciona por sí mismo, y al igual que la corriente de agua, seguirá los meandros creados por el entorno. Y ciertos obstáculos pueden llevarlo en una dirección que, si nadie retoma el control, conducirá a una aceleración en esa dirección, que en algún momento ya no será manejable incluso cuando el conductor querrá reaccionar. Aquí es donde uno llegaría a la etapa de la demencia. Las personas solteras, las personas inactivas, por lo tanto, son mucho más propensas a seguir este tipo de caminos. Sin embargo, la autodisciplina, cuando nos damos cuenta del fenómeno, se convierte en una palanca que puede llevarnos, si no estamos demasiado lejos en el descenso, a recuperar el control tan a menudo como sea posible. Entonces es necesario establecer metas, actividades, prioridades, hacer aclaraciones y ocupar nuestra mente de manera positiva, útil, preferiblemente de una manera diversificada y, si es posible, socializadora.

En otras palabras, mientras que en la infancia, los momentos de presencia son prácticamente constantes, disminuyen poco a poco en la edad adulta, y es su ausencia casi constante la que caracterizaría ciertas formas de demencia.

Cuando nuestra mente funciona por sí misma, sin ya no tener control sobre ella, significa que estamos viviendo permanentemente un poco como cuando estamos atrapados en las emociones y ya no controlamos nuestros pensamientos. Si a veces escribes tus pensamientos del momento, cuando estás atrapado en una emoción fuerte, y luego los vuelves a leer, una vez que has salido de la emoción, sabes cómo las emociones fuertes pueden desviar tus opiniones y pensamientos.

En cierto modo, sufrir demencia significa perder la presencia de ánimo casi continuamente. Es cuando nuestra mente huye casi permanentemente en los hábitos de pensamiento que ha desarrollado durante años y de los que ya no puede liberarse. Cuando, acumulados, la impiden seguir teniendo la más mínima posibilidad de intención, voluntad o control sobre la dirección y el contenido de sus pensamientos. Como adultos, a veces tenemos que hacer une esfuerzo enorme para salir de nuestros pensamientos sobre una preocupación o un sueño despierto. La demencia es eso permanentemente sin casi llegar allí. Solo las emociones pueden todavía ayudar a lograr esto, si no, nos volvemos a lo que conocemos: el pasado.

La mayoría de los adultos mayores de 40 o 50 años están muy familiarizados con lo que estoy hablando. Ellos saben entonces dónde evitar ir.

De la misma manera, las drogas, el alcohol y las sustancias psicotrópicas nos condicionan con ciertos modos de funcionamiento cerebral que, en un momento determinado, podrían terminar impidiendo el modo de funcionamiento cerebral que prevalece cuando estamos sobrios.

Y cuando vivemos en estrés, también estamos casi en piloto automático, hasta el punto de que en general es imposible activar la palanca "¡alto!". Para combatir el estrés se nos recomienda relajación, meditación, yoga, sueño, pausas, algunos medicamentos o infusiones de hierbas. ¿Quién piensa en esas cosas cuando está en un periodo de estrés? Nadie. Podemos pensar en ello solo cuando estamos en pausa, o cuando el estrés por fin disminuye, o si alguien nos trae ahí.

Y en este contexto, el agotamiento (burnout) no sería nada más que la máquina de estrés que termina trabajando libremente y sin freno, y que el cuerpo y los pensamientos ya no pueden seguir y nos llevan a perder el control. De la misma manera, el trastorno de estrés postraumático sería la consecuencia de la máquina 'emoción' que funciona libremente y dicta los pensamientos en bucle, auto-generando, a la vez las emociones y los pensamientos. El burnout, el trastorno de estrés postraumático y la demencia, participarían en una disfunción de la misma naturaleza. Sin embargo, si tienen en común una incapacidad de manejar los pensamientos correctamente, no tienen las mismas consecuencias.

Cuando nuestra mente ya no puede dejar la "caja" (leave the "box"), somos como el hámster en su rueda, no podemos parar. Con la diferencia de que, en el caso de la demencia, tampoco podemos dejar la rueda.

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